Month: June 2014

Vitamina D: un nutriente casi mágico

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osteoporosis

Los niveles inadecuados de vitamina D pueden tener un efecto negativo en el cerebro, según un nuevo estudio de la Universidad de Kentucky. La escasez de la “vitamina del sol ” daña los radicales libres del cerebro y de otros órganos. Conoce qué otras cosas puede hacer este nutriente por tu salud.

Vital para los huesos

La vitamina D es un nutriente necesario para la buena salud y para mantener los huesos fuertes. Institutos Nacionales de Salud (NIH) informa que ayuda al cuerpo a absorber el calcio (vital para los huesos) de los alimentos y suplementos. La falta de vitamina D deriva en huesos débiles, delgados y frágiles.

Previene problemas óseos

Con la edad, millones de personas (en su mayoría mujeres) padecen o corren riesgo de tener osteoporosis, un trastorno en el que los huesos se vuelven frágiles y pueden fracturarse si la persona se cae. Es una de las consecuencias de la falta de consumo suficiente de calcio y vitamina D a largo plazo.

Ayuda a tener fantástica salud

Además, la vitamina D es muy importante para el cuerpo de muchas otras formas: los músculos requieren esta vitamina para el movimiento, los nervios la necesitan para transmitir mensajes desde el cerebro hacia cada parte del cuerpo y el sistema inmunitario la emplea para combatir los virus y bacterias que lo invaden, informa el NIH.

Su rol en la esclerosis múltiple

Durante muchos años, los investigadores sospechaban que había un vínculo entre la luz solar, los niveles de vitamina D, y la esclerosis múltiple, una enfermedad autoinmune que causa daño a los nervios. Actualmente, se están realizando estudios para relacionar la deficiencia de vitamina D con esta enfermedad, señalan Institutos Nacionales de Salud.

Previene la diabetes

El Exceso de grasa corporal puede jugar un papel importante en la diabetes tipo 2, junto a los bajos niveles de vitamina D. Un estudio de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, su sigla en inglés) halló que la deficiencia de vitamina D era del 31 % en los negros, 12 % en estadounidenses de origen mexicano, y 3 % en los blancos.

Contra el Alzheimer

Un equipo de científicos de la Universidad de California, en Los Ángeles, ha determinado la forma en que la vitamina D3 funciona con algunas células del organismo: ayuda a limpiar el cerebro de beta amiloidea, el principal componente de las placas que se observan en la enfermedad de Alzheimer.

Necesaria para la memoria

Un  estudio de 2013 de la Universidad de Kentucky y publicado en Free Radical Biology and Medicine halló que la falta de vitamina D, que se acentúa en las personas mayores, produce daño cognitivo porque afecta el estado oxidativo del cerebro. Recomiendan tomar sol o consumir huevos, pescado y leche.

¿Qué alimentos tienen vitamina D?

Los alimentos fortificados con vitamina D aportan la mayor parte. Los pescados grasos, como el salmón, el atún y la caballa se encuentran entre las mejores fuentes de vitamina D. El hígado vacuno, el queso, la mantequilla y la yema de huevo, también la contienen, según Institutos Nacionales de Salud, Oficina de Suplementos Dietéticos.

La vitamina solar

El cuerpo produce vitamina D cuando la piel se expone directamente al sol. Por eso, con frecuencia se denomina la “vitamina de la luz del sol”, señala la Biblioteca Nacional de Medicina. La mayoría de las personas satisfacen al menos algunas de sus necesidades de vitamina D, de esta manera.

Eficaz contra el cáncer

Según Institutos Nacionales de Salud, Oficina de Suplementos Dietarios, algunos estudios científicos indican que la vitamina D puede proteger contra el cáncer de colon y tal vez contra el de próstata y de seno. Sin embargo, los niveles más elevados de vitamina D, también se han relacionado con una mayor incidencia de cáncer de páncreas.

En la pérdida de peso

Los estudios han demostrado que las personas que son obesas tienen a menudo niveles sanguíneos bajos de vitamina D. Algunos ensayos realizados sobre la dieta sugieren que añadir vitamina D y disminuir las calorías, puede ayudar personas obesas a perder peso con más facilidad.

Previene las fracturas en niñas

Las niñas preadolescentes y adolescentes con dietas ricas en vitamina D, podrían estar en menor riesgo de fracturas por estrés, sobre todo si participan en actividades de alto impacto, según un estudio reciente del Hospital Pediátrico de Boston, donde notaron la estrecha relación entre estos dos factores.

Mitiga los dolores menstruales

Una muestra sugiere que las mujeres que padecen muchos calambres menstruales podrían controlarlos con vitamina D, lo que plantea que algún día un suplemento podría reemplazar a los analgésicos, pero aún falta más evidencia médica. El estudio fue realizado por la División de Medicina Preventiva del Hospital de Brigham, en Boston.

Detiene la osteoartritis

Todavía se desconoce el papel de la dieta en el tratamiento, prevención o causa de la artritis, aunque los investigadores estudian el rol de la nutrición en esta enfermedad. Arthritis Foundation estima que la dieta afecta a ciertos tipos de artritis, y concluye que las dietas con mayor contenido de vitaminas D y C limitarían la progresión de la osteoartritis.

Bálsamo en la menopausia

La menopausia es una parte esperada y natural del desarrollo de una mujer y no es necesario prevenirla. Aunque se puede reducir el riesgo de problemas a largo plazo como osteoporosis y cardiopatía al incorporar, entre otras medidas saludables, la dosis adecuada de calcio y vitamina D, aconseja la Biblioteca Nacional de Medicina.

Fuente: Univisión/NIH

 

 

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Obesidad y riesgo de cáncer- segunda Parte

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Obesidad 03

2. –¿Qué tan comunes son el sobrepeso o la obesidad?

Los resultados de la Encuesta Nacional de Exámenes de Salud y Nutrición (NHANES) de 2007 a 2008 indican que 68% de los adultos de los Estados Unidos de 20 años y más tienen sobrepeso o son obesos. En comparación, de 1988 a 1994, solo 56% de los adultos de 20 años y más tenían sobrepeso o eran obesos.

Además, el porcentaje de niños con sobrepeso u obesos ha aumentado también. Se calcula que 17% de los niños y adolescentes de 2 a 19 años de edad son obesos, según la encuesta de 2007 a 2008. De 1988 a 1994, esa cifra era solo 10%.

 

3.- ¿Qué se sabe de la relación entre la obesidad y el cáncer?

La obesidad está asociada con riesgos mayores de los siguientes tipos de cáncer,  y posiblemente de otros cánceres también:

  • Esófago
  • Páncreas
  • Colon y  recto
  • Seno (después de la menopausia)
  • Endometrio (el revestimiento del útero)
  • Riñon
  • Tiroides
  • Vesícula biliar

Un estudio, que usó los datos del programa del NCI de  Vigilancia, Epidemiología y Resultados Finales (SEER), calculó que en 2007, en los Estados Unidos, cerca de 34 000 casos nuevos de cáncer en los hombres (4%) y 50 500 en las mujeres (7%) se debían a la obesidad. El porcentaje de casos atribuidos a la obesidad varió mucho según los diferentes tipos de cáncer pero fue tan alto como 40% para algunos cánceres, especialmente para el cáncer de endometrio adenocarcinoma y el adenocarcinoma de esófago.

Una proyección del gravamen futuro de la obesidad en la economía y en la salud en 2030 calculó que si continúan las tendencias existentes de obesidad se llegará a casi 500 000 casos adicionales de cáncer en los Estados Unidos para 2030. Este análisis encontró también que si cada adulto reducía su IMC en 1%, lo que equivaldría a adelgazar más o menos 1kg (o 2,2 libras) en un adulto de peso promedio, esto prevendría el aumento del número de casos de cáncer y resultaría en realidad en evitar cerca de 100 000 casos nuevos de cáncer.

Se han sugerido varios mecanismos posibles para explicar la asociación entre la obesidad y un mayor riesgo de algunos cánceres:

  • El tejido adiposo (graso) produce cantidades en exceso de estrógeno, y concentraciones altas de ésta se han asociado con el riesgo de cánceres de seno, de endometrio y de otros.
  • La gente obesa tiene con frecuencia concentraciones mayores de insulina y el factor de crecimiento como la insulina-1 (IGF-1) en su sangre (una afección conocida como hiperinsulinemia o resistencia a la insulina), lo cual puede fomentar la formación de algunos tumores.
  • Las células grasas producen hormonas, llamadas adipocinas, las cuales pueden estimular o inhibir el crecimiento celular. Por ejemplo,  la leptina, que abunda más en gente obesa, parece que fomenta la proliferación celular, mientras que la adiponectina, que es menos abundante en gente obesa, puede tener efectos antiproliferativos.
  • Las células adiposas pueden tener también efectos directos e indirectos en otros reguladores del crecimiento de tumores, incluso la proteía activada por el blanco mamífero de la rapamicina (mammalian target of rapamycin, m TOR) y por el monofosfato de adenosina, (adenosine monophosphate, AMP).
  • La gente obesa tiene con frecuencia inflamación crónica en un grado bajo o “sub-agudo”, lo cual está asociado a un mayor riesgo de cáncer.

Otros mecanismos posibles son las reacciones imnunitarias alteradas, los efectos en el sistema del factor nuclear kappa beta y el estrés oxidativo.

Fuente: Instituto Nacional del Cáncer

Obesidad y riesgo de cáncer

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Primera Parte

 

obesidad y cancer

 

1.-  ¿Qué es la obesidad?

La obesidad es un estado en el que la persona tiene una proporción anormalmente alta y malsana de grasa en el cuerpo.

Para medir la obesidad, los investigadores usan ordinariamente una escala conocida como índice de la masa corporal, (IMC) (body mass index, BMI, en inglés). El IMC se calcula al dividir el peso de una persona (en kilos) por su altura (en metros) al cuadrado. El índice de masa corporal proporciona una medida más exacta de obesidad o de sobrepeso que el peso solo.

Las pautas establecidas por los Institutos Nacionales de la Salud (NIH)   ponen a los adultos de 20 años y más en una de las cuatro categorías siguientes basándose en su índice de masa corporal:

IMC Categorías del IMC
Abajo de 18,5 Peso bajo
18,5 a 24,9 Peso normal
25,0 a 29,9 Sobrepeso
30,0 y más Obesidad

El Instituto Nacional del Corazón, Pulmones y Sangre, NHLBI, proporciona una calculadora del IMC.

Para niños y adolescentes (menos de 20 años de edad), el sobrepeso y la obesidad se basan en las tablas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) sobre el crecimiento del IMC según la edad.

IMC Categorías del IMC
IMC según la edad entre el percentil 85 y el percentil 95 específico al sexo         Sobrepeso
IMC según la edad en el percentil 95 o arriba de este específico al sexo         Obesidad

Comparados con la gente de peso normal, quienes tienen exceso de peso o son obesos tienen un riesgo mayor de muchas enfermedades, como la diabetes, la tensión arterial alta, enfermedades cardiovasculares,  derrame cerebral y algunos cánceres. ../..

Fuente: Instituto Nacional del Cáncer

The Public Health Crisis Hiding in Our Food

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corazon

If you have high blood pressure, you’re in good company. Hypertension afflicts 67 million Americans, including nearly two-thirds of people over age 60. But it isn’t an inevitable part of the aging process. It’s better to think of it as chronic sodium intoxication. And, as an important new study from Britain shows, there’s a way to prevent the problem — and to save many, many lives.

A lifetime of consuming too much sodium (mostly in the form of sodium chloride, or table salt) raises blood pressure, and high blood pressure kills and disables people by triggering strokes and heart attacks. In the United States, according to best estimates, excess sodium is killing between 40,000 and 90,000 people and running up to $20 billion in medical costs a year.

Americans on average take in about 3,300 milligrams of sodium per day, but experts recommend less than 2,300 milligrams — and less than 1,500 milligrams for people over age 50, black people, or those who already have hypertension, diabetes or kidney disease, which adds up to a majority of American adults. Either target is far below where most Americans are now.

The reason that nearly everyone eats way too much sodium is that our food is loaded with it, and often where we don’t taste or expect it. Of course ham and canned soup are full of salt, but so are many foods that are surprising: A blueberry muffin can have more than double the salt of a serving of potato chips. Even healthy-sounding food can pack heavy sodium loads. Two slices of whole wheat bread can have nearly 400 milligrams of sodium, as can two tablespoons of fat-free salad dressing. Eight ounces of V8 vegetable juice contains well over 500 milligrams. Many restaurant entrees have far more sodium than is recommended for an entire day. Applebee’s lemon shrimp fettuccine, at 5,100 milligrams, has more than twice as much.

Doctors warn people with high blood pressure to go on a low-salt diet, but that’s virtually impossible in today’s world, because nearly 80 percent of the sodium that Americans eat comes in packaged and restaurant food (whether it’s a bagel, a sandwich or a steak dinner). You can’t take it out. And nearly everyone, not just people with hypertension puzzling over food labels, should be taking in less sodium. The only way to prevent millions of Americans from developing high blood pressure is for companies and restaurants to stop loading up their food with sodium.

Health experts have been asking the food industry to do that for decades. It’s not easy, but it isn’t impossible either. Sure, we all like the taste of salt, but there is much that food companies can do without driving away customers. Often they add sodium for leavening or food texture rather than taste, when replacement ingredients are available. And sodium levels in similar popular foods made by different manufacturers often vary two- or threefold (for example, a slice of pizza can pack anywhere from between 370 and 730 milligrams), which suggests that many manufacturers can cut sodium levels in their foods sharply without hurting taste. When salt levels in food drop, people’s preference for salt also shifts down, so no one would notice a gradual reduction in sodium across all foods.

That’s exactly what Britain’s Food Standards Agency has done. It divided processed food into different categories, set salt-reduction targets in each category and then asked companies to meet those targets over time. And as they did that, from 2001 to 2011, sodium consumption by the British fell 15 percent.

The new study shows that this drop in salt intake has been accompanied by a substantial reduction in average blood pressure, a 40 percent drop in deaths from heart attacks and a 42 percent decline in deaths from stroke.

A few scientific critics have been arguing for years that reducing salt intake is risky because it might paradoxically increase mortality in some people receiving aggressive treatment for congestive heart failure, but the British data show at a national level what smaller studies project — that when sodium levels in everyone’s food drop, so does the number of people dying from heart disease and stroke.

Lower smoking rates in Britain no doubt are helping as well, but as the authors of the study point out, the fall in mortality echoes the success of Japan and Finland in earlier decades, both of which reduced sodium consumption from sky-high levels with focused government efforts and saw huge drops in heart attacks and strokes.

Here in the United States, in 2010, an Institute of Medicine panel was so troubled by salt-caused deaths that it called for mandatory federal standards for sodium in food. But the question of whether the Food and Drug Administration should regulate salt is more complicated than it might seem at first. As an expert once told me, you’re never going to ban pickles.

The only way to regulate that I can see is to set maximum sodium levels within many different food categories. But that could backfire if the levels are set high and then the companies already making food with sodium below those levels take the new limits as license to increase to the maximum amount of sodium permitted. I believe that in the end we will need a combination of mandated maximums and a coordinated voluntary sodium-reduction program like that in Britain. But the voluntary plan should come first, to see how much sodium levels can be reduced that way.

There is absolutely no reason we can’t do an initiative similar to Britain’s on this side of the Atlantic now. Over the last four years, the New York City health department has led the National Salt Reduction Initiative, a network of over 90 health departments and national organizations, including the American Medical Association, the American Heart Association, the American College of Cardiology and Consumers Union, working with food companies to voluntarily cut sodium, using Britain as a model.

Twenty-one companies, including food giants like Kraft, Unilever and Subway, and many others like Mars and Goya, have joined, putting less sodium in common products like processed cheese and canned beans. But far more food companies are ignoring it, and the initiative got no commitments at all in 18 of 62 packaged food categories.

A proposal as important to human life as this needs the stature and resources of the federal government to bring the rest of the food industry along. The F.D.A. has been developing a new plan for a voluntary, coordinated, national initiative. Unfortunately, even though it is voluntary, the food industry is fighting it, and the plan is stalled.

Many people are unnecessarily on kidney dialysis, in stroke rehabilitation centers and dying because we are failing to act. Even modest reductions in sodium in food could save tens of thousands of lives and billions in health care costs every year. No one likes government mandates these days. But it’s high time the federal government starts to fix this problem by at least leading a voluntary initiative that we know will save many lives.

Resource: NY. Times/ By Thomas A. Farleyapril.

Aspirin ‘not best’ for preventing heart problem

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Doctors should use newer medications rather than aspirin to treat a common heart problem, say new guidelines for the NHS in England and Wales.

The National Institute of Health and Care Excellence says blood-thinning drugs like warfarin are better for those with atrial fibrillation, which can increase a person’s risk of stroke.

Experts say most doctors are already doing this.

The advice will affect hundreds of thousands of patients.

Stroke prevention

Atrial fibrillation (AF), which causes an irregular heartbeat, is the most common heart rhythm problem, affecting up to 800,000 people – roughly one in 100 – in the UK.

In AF, the heart cannot work as well as it should and blood clots can form, which, in turn, increases the risk of a stroke.

Aspirin has been used for years to help protect patients from strokes, but mounting evidence suggests the drug’s benefits are too small compared with other treatments.

The guidelines acknowledge this – it is the first time they will have been updated since they were originally issued in 2006.

The advice to switch from aspirin to a blood-thinning drug such as warfarin instead should prevent thousands of strokes.

Newer anticoagulants other than warfarin may be most suitable as they do not require regular monitoring, says NICE.

Experts say if aspirin is to be stopped, it should be stopped gradually and only under the advice of a doctor.

Prof Peter Weissberg, medical director at the British Heart Foundation, said: “Strokes caused by atrial fibrillation are both common and preventable but only if the abnormal heart rhythm is identified in the first place and if effective drugs are given to prevent blood-clot development.

“The revised NICE guidance reflects accumulating evidence that warfarin and the newer anticoagulants are much more effective than aspirin at preventing strokes.

“This does not mean that aspirin is not important and effective at preventing heart attacks and strokes in other circumstances. Patients who are unclear on whether or not they should continue to take aspirin should speak to their doctor.”

Prof Peter Elwood, an expert at Cardiff University, warned it could be unsafe to suddenly stop taking aspirin. “If aspirin is to be stopped, it should be stopped gradually,” he said.

Resource: BBC/Michelle Roberts

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La aspirina “no es lo mejor” para prevenir enfermedades cardíacas

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Aspirina 1

El sistema de salud pública británico, el NHS, puso en duda los beneficios de la aspirina. El ácido acetilsalicílico se usa con frecuencia en pacientes con problemas cardíacos.

Sin embargo, las nuevas directrices del NHS de Inglaterra y Gales indican que los médicos deben utilizar fármacos más nuevos que la aspirina para tratar problemas comunes del corazón.

El Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia del Cuidado (NICE, por sus siglas en inglés) informó que los anticoagulantes como la warfarina son mejores para tratar a personas con fibrilación auricular, una arritmia cardíaca que aumenta el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular (ACV).

No obstante, la warfarina se debe tomar bajo estricta supervisión médica pues puede ocasionar sangrado excesivo y malformaciones congénitas.

La fibrilación auricular (FA), que se caracteriza por latidos cardíacos irregulares, afecta a cerca del 1% de la población general, y al 8% de las personas mayores de 80 años.

Como esta enfermedad hace que el corazón no trabaje tan bien, se pueden formar coágulos que es lo que aumenta el riesgo de un ACV.

Nuevas generaciones

Durante decenas de años se ha utilizado la aspirina para prevenir ACV, pero cada vez más evidencias sugieren que los beneficios de este medicamento son muy pequeños comparado con otros tratamientos.

Las directrices británicas toman en cuenta los más recientes estudios y aconsejan cambiar la aspirina por otros medicamentos anticoagulantes más nuevos, pues consideran que así se evitarán miles de accidentes cerebrovasculares.

NICE también es consciente de los riesgos de la warfarina, por lo que indica que es posible utilizar anticoagulantes más nuevos que no requieran de supervisión médica constante.

Sin embargo, expertos advierten que si se siguen estas directrices, la aspirina se debe dejar de tomar de forma gradual y sólo siguiendo las indicaciones del doctor.

El profesor Peter Weissberg, director médico de la British Heart Foundation, dijo que “los ACV causados por fibrilación auricular son tan comunes como prevenibles, sólo si primero se identifica el ritmo cardíaco anormal y si se prescriben fármacos efectivos para evitar la formación de coágulos”.

“Las nuevas directrices de NICE reflejan la evidencia de que la warfarina y los anticoagulantes más nuevos son mucho más efectivos que la aspirina para prevenir ACV”, agregó.

“Esto no significa que la aspirina no sea importante y efectiva para prevenir infartos y ACV de otra índole”.

Por su parte, el profesor Peter Elwood, experto de la Universidad de Cardiff, reiteró que la aspirina, “hay que dejar de tomarla poco a poco” si ese es el caso.

Fuente: BBC/Michelle Roberts

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Mejora tu autoestima y baja de peso

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¡Tú puedes!

La dieta es fundamental para bajar de peso. El ejercicio, también. Pero lo que es más importante de todo es que tengas fe en ti mismo: sólo así podrás alcanzar la meta que te propongas. ¿Cómo lograrlo?

El huevo o la gallina

Miles de hombres y mujeres esperan bajar de peso para por fin recuperar su autoestima. Lo que no saben es que, según los expertos, el problema podría ser al revés: engordar debido a la falta de confianza en uno mismo.

Hispanas, más riesgo

Un estudio de la División de Gastroenterología y Nutrición de la Universidad de Medicina y Odontología de Nueva Jersey y la Escuela de Medicina Robert Wood Johnson encontró que las mujeres obesas –hispanas y blancas- tienen menor autoestima que las que no son obesas, durante la adolescencia.

Señales para estar alerta

La investigación, que analizó el comportamiento de 1520 jóvenes durante cuatro años, observó que las jóvenes obesas presentaban más altos índices de tristeza, soledad y nerviosismo, y que estaban más propensas a tener comportamientos de alto riesgo, como fumar o consumir alcohol.

Menos autoestima, más peso

Sin embargo, para algunos especialistas el problema podría originarse a la inversa: que las personas con baja autoestima tengan tendencia a aumentar de peso. Así lo reveló un estudio realizado con 6,500 participantes, realizado por British Cohort Study. La conclusión fue contundente: los niños de 10 años con bajos niveles de “amor propio” tendían a convertirse en adultos obesos.

Cuanto antes recibas ayuda, mejor

Ya sea que la obesidad es consecuencia de una baja autoestima o que uno tenga poco amor propio debido a la imagen que nos devuelve el espejo, los expertos coinciden en que es fundamental intervenir temprano. Así lo sugirió el estudio británico que siguió observando a los participantes durante 20 años.

Preocupaciones y control

El estudio, que fue publicado en el Journal BMC Medicine, halló que los jóvenes con baja autoestima no son los únicos con tendencia a aumentar de peso: también aquellos que temen perder el control de su vida y los que siempre se preocupan demasiado tuvieron facilidad para engordar durante los siguientes 20 años.

4 pasos para sentirse mejor:

En el artículo que lleva ese nombre, la Clínica Mayo explica el poder que tienen nuestros pensamientos y creencias para cambiar la forma de sentirnos sobre nosotros mismos. Para ello, aconseja cuatro pasos que pueden llevar a una autoestima más saludable.

Paso 1: Identificar las situaciones problemáticas

“Piensa sobre las condiciones que aparentemente desinflan tu autoestima”, aconseja la Clínica Mayo. Algunos disparadores habituales son: una presentación de trabajo, una crisis laboral o familiar, un desafío con nuestra pareja, socio y otro contacto. También otras circunstancias como la pérdida del trabajo o un hijo dejando el hogar.

Paso 2: Toma consciencia de tus pensamientos

Una vez que identifiques las situaciones o condiciones conflictivas, presta atención a tus pensamientos acerca de ellos. Esto influye: auto-conversación –lo que te dices a ti mismo- y tu interpretación de lo que la situación significa. Tus pensamientos pueden ser positivos, negativos o neutrales. También: racionales, basados en datos, o irracionales, basados en ideas falsas.

Paso 3: Cuestiona el pensamiento negativo

“Tus pensamientos iniciales podrían no ser la única forma de ver una situación, por lo que analiza la veracidad de tus pensamientos. Pregúntate si tu visión es consistente a los hechos y la lógica o si hay otras explicaciones posibles”, advierte la Clínica Mayo.

Patrones que “erosionan” la autoestima

Pensamientos “todo o nada”: las cosas son malas o buenas, filtros mentales (que dejan ver sólo lo malo), convertir cosas positivas en negativas, apurarse a arrojar siempre conclusiones negativas, confundir “sentimientos” con “hechos” (“me siento un fracasado, entonces debo ser un fracasado”) y subestimar lo propio (con sarcasmo o ironía).

Paso 4: ajusta tus pensamientos y creencias

Ahora, después de identificar los pensamientos y tratar de “entenderlos”, el paso siguiente es reemplazar los pensamientos negativos por pensamientos más constructivos. “El pesimismo puede convertirse en una profecía autocumplida. Por ejemplo, si piensas que tu presentación saldrá mal, podría suceder exactamente lo que imaginaste”.

Cómo tener pensamientos positivos

Usa afirmaciones esperanzadoras, por ejemplo, “aunque la presentación es difícil, puedo manejarla”. Perdónate: todos nos equivocamos. Evita las palabras “debería” y “debo”: es agregarle a tu vida demasiadas demandas. Focaliza en lo positivo: piensa en el lado positivo de tu vida. Repasa todo lo bueno que has hecho últimamente y empieza a confiar en ti.

Permítete también los malos pensamientos

Aunque estés dispuesto a cambiar y a ser menos exigente contigo mismo, cuando te “aparezcan” los pensamientos negativos, déjalos ir pero sin enojarte. Piensa “cómo puedo hacer para que esto sea menos estresante para mí”. Y por último, “date coraje”: concédete la oportunidad de hacer cambios positivos. Tú puedes, sólo tienes que darte la oportunidad.

¡Renueva tu fe en ti mismo!

Si quieres que el resto te acepte, ¡empieza por aceptarte tal como eres! Verás cómo de a poco, a medida que tengas ideas positivas sobre tus metas y tus logros comenzarás a bajar de peso. Te sentirás genial: por fuera, ¡y por dentro!

Fuente: Univisión